GACETA MUNICIPAL - 4 SETEMBRO 1931
Cuando, en cumplimiento de la Ley de Imprenta, se persona el cronista en las oficinas municipales para hacer entrega de tres ejemplares de La
Gaceta, sele ofrece de cuando en vez algún incidente pintoresco. El
otro dia fué con Pedro. Previo el saludo corriente entre gente de
buena crianza, entrego el cronista los tres ejemplares prevenidos, y
Pedro se puso a leer uno de ellos. Pasaron por la mente del cronista
aquellos tiempos indignos en que los escritores estaban amordazados
por la previa censura, mientras Pedro, creyéndose censor, continuaba
entregado a la lectura. Entonces el cronista, convencido de que Pedro
ignoraba la Ley, le advirtió que una vez presentados los tres ejemplares, con la declaración firmada, a él, como Alcalde, incumbíale tan solo
dar recibo de la entrega, no autorizar o desautorizar la publicación.
Persuadido de que el cronista decía verdad, suspendió por un
instante la lectura, entregó la hoja al Secretario, y dijo con aire
entre autoritario y compasivo:
―¡Bueno; séllasela!.
Otro dia fué con el escribiente:
―Tengo orden de no sellarle a V. la
hoja―dijo el escribiente.
―Está bien; yo no tengo la rara
voluptuosidad de regodearme en la contemplación del sello por muy
bonito que sea. Pero V. no tendrá ningún inconveniente en poner
aqui bajo su firma: «recibí tres ejemplares». Lo puso, y el
cronista se fué igualmente satisfecho.
Viene esto a colación para que los señores del Ayuntamiento vean el
artículo 7° de la vigente Ley de Imprenta y traten de darle exacto
cumplimiento.
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Espíritu Santo, ao fondo, subida a Pedrachán. O edificio da dereita: Hospital Dafora ou de Pelengríns. |
Otro punto quiere dejar bien sentado el cronista. Es tan grande la ignorancia de algunos críticos e intérpretes de la "hoja",
que, por lo visto, en vez de enfadarse con el cronista, se enfadan con la imprenta y con el impresor. Hasta aqui, el criminal, el ratero y el escandaloso que eran detenidos por un guardia, no se quejaban del sastre que le había hecho el uniforme, sino del agente que lo usaba. La imprenta es inocente respecto del contenido de los trabajos que en ella se confeccionan, cuya responsabilidad queda integramente en el autor de los mismos. El que recibe un puntapié no piensa síquiera en condenar al zapatero que hizo el zapato, sino a la persona que dió el puntapié. Responde el cronista de que el Sr. Loroño, único propietario de la imprenta que edita las "hojas", tizne su establecimiento a disposición de todo el mundo y de todas las ideas. Lo que no hace el Sr. Loroño son hojas anónimas. Con
originales firmados y con pié de imprenta, todas, sin excepción
alguna. No ha mucho imprimió manifiestos republicanos y socialistas, con cuyos conceptos ni remotamente comulgaba él. En la última luchaelectoral, se le ofreció un trabajo que mancillaba la fama de un
digno empleado del Ayuntamiento de Lousame, y se nego a
confeccionarlo, porque su autor no ha querido estampar la firma en el
original ...
Y a todos esos señores tan delicadamente sensibles, les conviene
saber: que la imprenta que edita la Gaceta cobra puntualmente su
trabajo; que dejará de publicarse tan pronto deje de pagarse; que
todo eso lo hace por el derecho de toda industria a vivir, aunque los
llamados a protegerla ―por ser industria local― sean los primeros
en perjudicarla; y, por último, que en confirmación de lo dicho,
acepta todo género de escritos, cuyo objeto sea combatir las
apreciaciones y conceptos vertidos en La Gaceta Municipal, siempre
que vengan en condiciones legales y se pague por adelantado el precio
corriente en esta clase de trabajos.
A la sesión de hoy asísten ocho concejales; pero para llegar a este número fue necesario llamar a algunos en el momento. Todos eran, a
escepción del Alcalde, soldados rasos, pues los tenientes brillaron
por su ausencia. Muy escaso público.
Leyó el Secretario la cuenta de la Administración de Arbitrios correspondiente al mes de Agosto, y el Alcalde hizo notar un descenso
en los ingresos de cerca de dos mil pesetas, con relación a igual
mes del año último. ¿Cual era la causa? En sentir del Sr.
Fernández Luces, las circunstancias por que atravesamos, y, según
el Sr. Viñas el abandono que reina en los encargados de la
recaudación. En eso estaban todos conformes; los unos porque lo
decían, y los otros porque se callaban. ¡Las circunstancias! ¡Claro
que son las circunstancias!. Pero circunstancias especialmente
locales, propias del país. Las que llevan a los empleados de
consumos la convicción de que son inamovibles; las que le
permiten―como dice Fernández Rodríguez―observar una vida en
desacuerdo con el rnezquino sueldo que perciben; las que le dan
alientos para insolentarse contra el administrador, que,
conociéndolas, tiene que contemplar pasivamente la rebelión de sus
subordinados ... ¿Serán esas las circunstancias a que Luces aludía?.
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Forno do Rato. Foto de Josep Gaspar e Serra (1912-30). |
Habló el Alcalde de la necesidad de nombrar un escribiente temporero
durante la licencia del Secretario; pero Ronquete declaró
sinceramente que no sentia la necesidad de él. ¿Corno se explica―se
preguntaba el cronista―esta contradicción entre el Alcalde y el
Secretario accidental? ¿Será que el paniaguado no merecerá la
confianza de los dos? ¿A quien querría obsequiar el Alcalde? El
cronista pensaba en uno, y es posible que en tal pensamiento
coincidiera la minoría. Ello es que el candidato, por ahora,
continuará con la esperanza. ¡Ah, si no fuera la publicidad! ... El
cronista y la crónica van inspirando respeto a la mayoría; por lo
menos ya no se regalan empleos sin el conocimiento y la censura del
pueblo.
El cronista tiene su asiento frente a la escalera. Y cuando se hallaba
entregado a la meditación anterior―desaparecidos los jabalíes,
reina silencio propicio a la meditación―cruje la escalera y se
oyen fuertes pasos. Eran de persona. Lo supo el cronista cuando vió
asomar un sombrero. Asomaba como asoman los mástiles de los veleros,
allá en la lejanía del oceano, a virtud de la redondez de la
Tierra. El que asomaba era el Sr. Agra. Después del sombrero viole
el cronista la cara y viole algo mas ... Un rollo muy grande que
traía debajo del brazo. El cronista supuso que sería el expediente
de responsabilidades o la plaza de abastos, si bien, haciendo
cuentas, calculo que la plaza no cabría ni en el rollo ni en el
brazo del Sr. Agra.
Ardiente espera. El cronista veia llegada su hora. La presencia de Agra le
depararia multitud de asuntos y se acabaría aquel sepulcral
silencio, que, la verdad, hace falta vocación para soportarlo. Pero
Agra defraudó las esperanzas del cronista, pues dió un viraje a la
derecha, se introdujo en las oficinas y dicen que estuvo fisgando por
el ojo de la cerradura ... El cronista no le ha vuelto a ver.
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Aproximación ó Minimax para sofocar incendios e con motor a vapor. |
Se habla de 195 litros de gasolina que consumió el "Minimax",
y se acuerda su pago; pero Fernández Rodríguez no quiso que pasara
inadvertido lo gravoso que resulta al Municipio semejante artefacto.
Consume sueldos, muchos litros de gasolina, reparaciones y recambios,
y "lleva en el rabo" 30 mil pesetas. Opina el cronista que
con este precio y los gastos de conservación del famoso
"chirimbolo", podía el Ayuntamiento aceptar el compromiso
de abonar todos "los daños que causan los incendios en el
Município. ¿Cuantas casas ardieron en Noya en los últimos diez
anos? ¿Sirve el Minimax para las aldeas? Con su dinero se adquirió.
¿Quién hizo tamaño negocio? El Ayuntamiento de la Dictadura, del
cual es hechura la mayoría del actual y con cuyos votos salió
elegido, y bajo cuya inspiración gobierna.
Trátase de la construcción del puente de Boña, mancomunadamente con el
Ayuntamiento de Lousame, en el precio de 2.000 pesetas. Aunque no lo
pidiera la minoría, es muy natural y, sobre todo, muy honrado,
realizar la obra por medio de subasta pública; pero el Alcalde
asegura que existe ya un acta anterior, donde consta el acuerdo firme
de realizar la obra, sin subasta. Al cronista le sorprenden los
criterios contrapuestos de la Alcaldía respecto de la firmeza de los
acuerdos municipales, pues en una de las últimas sesiones sostuvo la
tesis, que aprobó la mayoría, de que si el Ayuntamiento de 1924
había dado una linea a D. Aurelio A. Senra, el de 1931 le daba otra
distinta. ¡Cosas tenedes, Germán, que farán fablar las piedras!
En la última Caceta, se ocupó el cronista de los animalitos que pueblan las alcantarillas abiertas. Ayer acordó el Ayuntamiento
construir las aceras; de la Avenida del 13 Septiembre, con cuya
medida quedan las ratas condenadas a la pena de clausura. ¡Pobres
ratas! Mas de una vez han atraído la atención del transeunte, que,
mirando a vista de pájaro, (a ellas tal les parecía), alababa su
familiaridad con las gentes y sus cuerpos vigorosos. ¡Pobres! Ahí
os quedaréis sepultadas bajo las losas de las aceras, rememorando
los luengos años que pasasteis en contacto con la civilización ...
El cronista no os tiene culpa; si os aludió no ha sido por
ofenderos. Fue para que taparan las alcantarillas y para que os
preservaran de la lluvia. ¡Pobres ratas!.
Fernández Luces ruega al Alcalde que active las gestiones para dotar a Barro de
alumbrado público, a fin de consignar la cantidad necesaria en el
próximo presupuesto. Y Fernández Rodriguez solicita igualmente que
por la Alcaldía se reclame una certificación del Juzgado municipal
para completar el expediente iniciado por los vecinos de la misma
parroquia, referente a la construcción de un nuevo Cementerio.
Luz y tinieblas. Luz para los vivos y santa comodidad para los muertos.
Los dos concejales deben su puesto a los electores
de Barro y no pierden ocasíón de defender
los intereses que representan. Así se debe corresponder a la
confianza que el cuerpo electoral deposita en sus candidatos. El
cronista se congratula de ello y felicita al distrito de Barro por el
acierto que tuvo en la designación. ¿Qué hacen los nuestros, los
de la Capital?. La desviación del rio Traba es obra urgentísima y
debe acometerse antes del invierno. Según el concejal Agra, hay
destinadas para la obra 6.000 pesetas, en el Concejo no hay quién se
oponga, el pueblo la espera con impaciencia. Y siendo todo eso
cierto, ¿a qué se espera?.
Papelería S. Loroño - Noya
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O Rei Alfonso XIII de Borbón, despachando co ditador Miguel Primo de Rivera. |
No 1923, preferindo a aparente seguridade dunha ditadura a os caprichos dunha democracia parlamentaria, o rei Alfonso XIII apoiou o golpe
militar encabezado polo xeral Miguel Primo de Rivera, co lema
“Patria, relixión, monarquía”.
No 1930 a poboación española seguía sendo maioritariamente rural;
unha masa continental que duplicaba o tamaño de Gran
Bretaña con apenas liñas férreas e carreteiras.
Millóns de persoas vivían aínda en “pobos somnolentos con rúas
sórdidas zigzagueantes flanqueadas por casas grises de adobe, na súa
maior parte tugurios mugrientos con chans de terra batida e cuartos
que apestaban a fume e esterco”. Nas cidades florecía unha cultura
que se opoñía ferozmente ó fondo conservadorismo e escurantista da
Igrexa, os terratenentes e a aristocracia. Nas barriadas industriais
e os suburbios deprimidos de Madrid e Barcelona, os anarquistas
predicaban o seu evanxelio radical contra toda autoridade. A pesar do
seu odio ó clero, eran, o seu xeito, non menos católicos,
partidarios do austero credo da abstinencia, pois non vían con bos
ollos o consumo do alcohol e tabaco, a tolerancia sexual e as
corridas de touros.
Primo de Rivera xestionou tan mal o goberno, que nas eleccións de 1931 a vitoria dos partidos republicanos foi arrolladora. Alfonso XIII fuxiu
de España sen molestarse en abdicar. O novo goberno lanzou un
programa de reformas inmensamente ambicioso que incluía a
introdución do ensino laico, a redución do exército e do corpo de
oficiais, a expropiación de bens inmobles da igrexa e unha ampla
reforma agraria. A nova Constitución, que garantía a liberdade de
expresión e de asociación de todos os españois, introduciu tamén o
sufraxio feminino nas eleccións do 33.
Estas transformacións radicais enfrontáronse á salvaxe oposición dos que perderon o poder e influencia e dos que crían que unha república
laica despoxaba a España da súa verdadeira alma católica. No
centro de esa oposición estaba Francisco Franco Bahamonde, ex
director da Academia Xeral Militar de Zaragoza. No 1931, cando Manuel
Azaña, ministro de Guerra (e logo presidente da República), pechou
a Academia, Franco enfrontouse a posibilidade de verse degradado a
coronel.
Fonte:
“A Fractura: Vida e Cultura en Occidente 1918-1938”, de Philipp Bloom. Editado por Anagrama na Colección Argumentos.
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